Esos apellidos en su cédula tienen una historia detrás

FAMILIA
POR CLAUDIA ARANGO HOLGUÍN | PUBLICADO EL 26 DE NOVIEMBRE DE 2019

Desde 2022 en Colombia los bebés podrán tener primero el apellido de su mamá. Esto es lo que hay detrás de esa palabra.

Los relatos de sus genes y apellidos se cuentan en un lapso de 100 años. Haga la cuenta, usted nació gracias a un padre y una madre, y si mira a sus ancestros existen cuatro abuelos, ocho bisabuelos y dieciséis tatarabuelos. Así no hable de ellos, haya conocido solo a algunos o no lo reconozcan en determinada línea familiar, allí hay una tradición, un sinnúmero de sucesos y bastantes memorias.

  • Esos apellidos en su cédula tienen una historia detrás

Su nombre completo incluye dos apellidos, en un orden establecido en Colombia (primero papá, luego mamá), por un estado civil (el de nacimiento), que desde 1873 se determinó como un servicio público “esencial” a cargo del estado, y que en 1887 consagró esa costumbre como ley, si bien no fue sino hasta 1938 que se impuso como obligatorio ese registro civil tanto para nacimientos como para matrimonios y defunciones. Y así funciona todavía.

Las variaciones

Raúl Aguilar Rodas, en su libro Nombres y Apellidos, explica que estos últimos, como se usan hoy, “corresponden a una costumbre de pocos siglos, que el crecimiento permanente de la población ha exigido y las legislaciones han, más o menos, reglamentado”.

El usar primero el de la madre fue la costumbre predominante en Europa hasta no hace muchos años, detalla Aguilar Rodas en su libro, “en los países fruto de la colonización española se usaba el del padre, el de la madre o cualquier otro al gusto de cada uno, lo que ha venido reglamentándose poco a poco”.

En el caso nacional se han dado cambios, los más recientes datan de 1970 cuando se reafirmó lo del primer apellido del padre, el segundo de la madre, y que si no había paternidad reconocida y la mujer tenía un solo apellido, el hijo lo tendría así. El cambio llegó en 1989, cuando se determinó que toda persona debía llevar dos.

Este año, una demanda instaurada por el abogado Juan Pablo Pantoja hizo que la Corte Constitucional estudiara el caso basados en “la vulneración del derecho a la igualdad entre hombre y mujer al establecer un trato discriminatorio sin justificación desde la perspectiva constitucional”, y tomara una decisión (ver ¿Cómo funciona?) que le dará potestad a los padres a elegir el orden que prefieran para los apellidos de sus hijos.

Eso viene de antes

La base para tener hoy un nombre y un apellido es la familia, explica Gabriel Jaime Vanegas Montoya, funcionario de la Biblioteca Pública Piloto y quien dicta allí talleres de genealogía. “Las personas no escogen qué familia les toca, pero es una construcción personal que le da al sujeto identidad, parte de eso es el nombre y la otra es el apellido. Ello es un reflejo de la sociedad de la que se hace parte”.

Juan Sebastián Elián, en El gran libro de los apellidos y la heráldica, describe que esa palabra que acompaña al nombre “ha posibilitado básicamente el reconocimiento de la persona en la esfera social”.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX los apellidos tenían peso, le daban contenido y sentido al rol de una persona en la colectividad. Había desde títulos de nobleza e hidalguía hasta esclavos que, cuando se dieron las leyes de libertad en Colombia, adoptaron los apellidos españoles de sus amos.

“Como te llames tiene connotaciones en el mundo familiar, laboral, académico y social. En general determinan una tradición. Basta recordar como antes jugaban un papel importante en las mujeres casadas que después de su apellido paterno añadían el de su esposo con la preposición ‘de’”. Un ejemplo es el que le da el nombre al hospital General de Medellín, el de la señora Luz Castro de Gutiérrez.

El orden en otros países

En Argentina y después de sancionados los cambios al Código Civil y Comercial en 2015, los progenitores escogen que su hijo tenga solo el apellido de su padre, solo el de la madre o los dos en cualquier orden. El diario La Nación revisó el alcance y confirmó que “hasta fines de abril de 2018, en Buenos Aires se registraron 21.695 bebés con el apellido materno delante del paterno”.

En España se derogó el dominio del masculino a mediados de 2017, aunque apunta el diario 20 minutos que antes de esa fecha “ya era posible inscribir a los recién nacidos con el materno, en concreto desde 2000. Para ello los progenitores, de común acuerdo, debían solicitar el cambio del orden ante el juez de su jurisdicción civil”.

En Francia, el Código Civil dispone en su artículo 57 que los padres “escogerán el apellido que se le atribuirá: sea el del padre, el de la madre o ambos sucesivamente, en el orden por ellos escogido, hasta el límite de uno por progenitor”. En Holanda prevalece el de la madre, aunque se da la posibilidad de que lleve el del padre, sí y solo sí, la pareja lo decide, y en Irlanda al momento del registro se debe indicar qué apellido llevará, si el del papá, el de la mamá o ambos. Si se eligen los dos, estos deben ir unidos por un guion e ir en el orden que los padres escojan.

En Estados Unidos hoy los hijos asumen el apellido del padre y la mujer adopta el del esposo al casarse. Puede eliminar el original o sumarlo.

¿Qué pasará en Colombia?

Vanegas Montoya comenta que esa es la pregunta que queda en el aire después de lo conocido por la Corte. “La aplicación práctica dirá si sirve de algo”. Una parte del comunicado de la sentencia indica que si los padres no se ponen de acuerdo se definirá por sorteo. “Es dejar el tema al azar, como tirar una moneda, falta claridad”, indica el genealogista. Es importante detallar que esto se dará para los bebés a partir de junio de 2022 ya que el Registro Civil de nacimiento se debe hacer dentro del mes siguiente a su ocurrencia.

Otro dato importante es que hoy una persona adulta puede cambiar sus apellidos o el orden en los casos en que la ley lo permita: por adopción, hijos extramatrimoniales con el apellido de la madre y que van a añadir el del padre o por Escritura Pública a voluntad del interesado. Eso implica una modificación en todos los documentos que lo identifiquen (cédula, diplomas, pase, registros, cuentas bancarias, etcétera).

Mientras se implementa la ley puede preguntarse, qué tal sonaría su nombre si el apellido de su mamá fuera el primero. Haga el ejercicio, así como el de revisar cómo sería el de sus progenitores si hubieran cambiado y hasta el de sus abuelos. A lo mejor hay uno de esos apellidos, que en su orden están muy atrás, que a usted le hubiera gustado tener de primero .

Luz María Zapata Londoño fue en su época escolar la última en la lista en el colegio. “Fue solo en cuarto y quinto de primaria que me cambié de institución educativa, cuando me encontré con otras dos personas de apellido Zapata, una Trujillo y otra Yepes, ahí era la primera de las tres. Nunca me acostumbré a ser la última”, cuenta. A Nohra Eliana Vera Alegría la molestaban “con el libro Alegría de leer y en la universidad me decían Alegría”. Juan David Tous debe deletrear su apellido siempre que se lo preguntan, “me han puesto Thows, Touch, Tours, Tousse y un largo etcétera”. Lo mismo le pasa a Johanna Logreira, “escriben Yoana Lobeira, Yojhanna Loeira y hasta Juana Lopera”. A Erica Higuera Boeira la gente la recuerda más por su segundo apellido, el Boeira, tanto que le han llegado a quitar el primero.

En El gran libro de los apellidos y la heráldica, el autor, Juan Sebastián Elián, esclarece que “al principio de la era romana, los ciudadanos recibían un solo nombre; sin embargo, poco después, llegaron a ser necesarios tres o cuatro para designar a una persona e individualizarla dentro de la sociedad”. Primero se usaba el nombre de pila, después el de la tribu o grupo del que descendían. “Mas tarde cuando la sociedad se amplió y se dividió en familias, fue preciso introducir en apellido o nombre de la familia (…) Los primeros se formaron añadiendo al nombre del padre un prefijo o sufijo. En los árabes se anteponía la palabra ben, mientras que los hebreos lo hacían con la palabra bar, y los romanos, con el uso de la terminación –ius”. No fue hasta el periodo comprendido entre los siglos IX y XIII cuando se formaron los apellidos que venían de los nombres (Martínez de Martín), denotaban similitudes con animales (Toro), hacían alusión al lugar de procedencia de una persona (del Río), tenían que ver con la religión (Samper de San Pedro) o el origen nobiliario o militar (Caballero), entre algunos ejemplos.

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